Archivística Latinoamericana; más allá de las castas y las jerarquías.

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En la novela “Un mundo feliz”[1] de Aldous Huxley se plantea un futuro “post-apocalíptico” en donde existe un Estado único orientado al desarrollo de la ciencia, la felicidad y la perfección, bajo los principios de “comunidad, identidad y estabilidad”. En este mundo, los humanos son creados a partir de la ingeniería genética desarrollada por el Estado, en un proceso de fecundación que logra que un óvulo fecundado pueda dividirse hasta noventa y seis veces y que cada brote sea capaz de formar un embrión totalmente sano y útil; lo que deriva en la producción en masa de hasta 96 humanos del mismo punto de partida de donde antes solo se obtenía uno. Dicho proceso se denomina método Bokanovsky, definido por el Director (personaje de esta historia) como “uno de los mayores instrumentos de estabilidad social”, puesto que permite crear un ejército de clones genéticamente manipulados, con características físicas e intelectuales específicas, y con condiciones sociales preestablecidas como castas: Alfas, Betas, Gammas, Deltas o Epsilones; siendo cada una de ellas menos inteligente que la anterior y de una clase social inferior.

En este escenario, son los Alfa la casta dominante, los que gobiernan y toman las decisiones más importantes, los otros están subordinados y condicionados irremediablemente a cumplir su papel genéticamente establecido, sin cuestionamientos y sin críticas, además embelesados por la droga supresora de sentimientos, soma[2].

Ahora bien, ¿Qué relación tiene este tipo de sistema con el día a día del mundo archivístico? 

Si analizamos nuestra realidad actual, es posible hacer una analogía con la novela de Huxley, pues muchas estructuras sociales cumplen esta jerarquía, desde una perspectiva macro en los gobiernos, hasta una perspectiva meso en los gremios profesionales. A esta última me quiero referir, a la organización del gremio archivístico latinoamericano por medio de castas, los Alfas como los dirigentes y directivos; y por su parte los Betas, Gammas, Deltas y Epsilones como un conjunto de individuos dispuestos a asentir sin cuestionamientos y a trabajar en función de las ordenanzas de Alfas.

El grupo Alfa, dentro del marco archivístico, se encuentra dividido, por un lado los profesionales académicos y por el otro los profesionales blofeadores[3]; los primeros, suman al gremio, los segundos, a su ego.

            Los académicos escriben libros, artículos, tienen blogs o hacen podcast que en gran medida aportan a la archivística y a su desarrollo, producen contenido desde su perspectiva y experiencia profesional, tienen creaciones intelectuales que en el entorno archivístico o social suman al país o al gremio. Los blofeadores, por su parte, utilizan las redes sociales como su medio de comunicación más profuso, papiros virtuales cargados de tautologías como: “sólo podemos aprender a archivar archivando” o “construyamos gremio construyendo”, que posiblemente los hagan creer intelectuales del área y les ayude en la construcción de esa imagen de intachable superioridad; detalle que les otorga un aura de poder fascinante que saben muy bien cómo aprovechar para su beneficio económico o personal; olvidándose incluso (en el caso colombiano) de la normatividad que reza:

“El archivista no deberá utilizar en beneficio propio o de terceros su posición especial… No buscará beneficio personal, económico o de otro tipo, en detrimento de las instituciones, los usuarios, los documentos o de sus colegas.”[4]

La casta Alfa tiene seguidores, por un lado están los de los blofeadores, que aplauden sin mayor cuestionamiento sus hazañas, logros y comunicaciones, buscando tal vez una posición más cercana al que adulan. Por otro lado hay un gran grupo de profesionales, técnicos, tecnólogos y empíricos del país que se encuentran en constante aprendizaje y reaprendizaje, buscan crecer y aportar al gremio con nuevas ideas, saben que el conocimiento no tiene color, estrato, edad, ni nacionalidad, buscan cambios conscientes y un trato más justo en una comunidad que crece. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, sus aportes son poco valorados y visibilizados, al contrario, son opacados por aquellos que se sienten superiores en conocimiento y experiencia, que niegan la posibilidad de nuevas ideas o propuestas que pongan en peligro sus puestos privilegiados. Es aquí donde quiero hacer énfasis, no se trata de competir, ni de sentirse superior per se, sino de aprender, de posicionar nuestra archivística, nuestra filosofía y nuestras ideas y descubrimientos, apoyando a las nuevas generaciones que vienen con ideas frescas y propuestas diferentes que se sumen al progreso de nuestro gremio en Latinoamérica.

Para concluir, es importante saber y aclarar que este fenómeno no solo ocurre en el entorno archivístico, gremios de bibliotecarios, historiadores, ingenieros, entre otros tantos también padecen estos problemas. La pregunta de fondo es ¿por qué sucede esto de forma generalizada? ¿Aún no hemos superado nuestra historia de pueblos colonizados? o será como dice Leopoldo Zea[5]

“los americanos partimos del prejuicio de que todo lo hecho por los nuestros en los mismos campos sólo es una mala imitación de lo realizado por los europeos o, lo que puede ser peor, un conjunto de disparates y absurdos producto de nuestra calenturienta mente tropical”.

de este lado del mundo parece que tratamos de imitar a los europeos en todo menos en valorar lo propio. 

De lo que no cabe duda es que aún nuestras venas están abiertas, aún tenemos en nuestro haber histórico cargas y herencias culturales que no hemos resuelto, que no hemos combatido y que están tan dentro de nuestro ADN que pasan desapercibidas, y creemos que es lo normal, estamos acostumbrados a ello y por lo tanto no vemos motivos para cambiarlo. 

La invitación desde este espacio es, sin duda a: crear contenido de calidad como aporte a la consolidación de una teoría archivística latinoamericana; profundizar en temas relacionados a las competencias y destrezas de los profesionales en ciencias de la información; expresar nuestras ideas y propuestas sin miedo a represalias profesionales, de esta manera demostramos a los Alfas blofeadores que todo aporte es valioso y merece espacios de discusión; por último hacer énfasis en los programas de estudio de las escuelas de formación archivística; no solo en materia técnica y tecnológica sino en aquellos campos que promuevan el libre pensamiento, teniendo presente que la educación es el pilar de esta discusión, la formación de futuros profesionales con pensamiento crítico es clave para el desarrollo y posicionamiento de nuestra área a nivel local, nacional e internacimonal.

Referencias
[1] Huxley, A. (1932). Un mundo Felíz. Recuperado en 20 de julio de 2020, de https://cutt.ly/EdMtGx9
[2] Quienes deseen profundizar en este tema, pueden leer “Un mundo feliz”, allí, el autor hace un acercamiento a nuestra modernidad desde una perspectiva poco habitual.
[3]  bluf | Diccionario panhispánico de dudas | RAE - ASALE
[4]  Ley 1409. Diario oficial. Congreso de la República. 30 de agosto de 2010. Por la cual se reglamenta el Ejercicio profesional de la Archivística, se dicta el Código de Ética y otras disposiciones. Recuperado en 5 de agosto de 2020 de https://cutt.ly/SdMykoX
[5] Zea, Leopoldo. (1972). América como conciencia. Recuperado en 5 de agosto de 2020, de Leopoldo Zea América como conciencia

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1 comentario en “Archivística Latinoamericana; más allá de las castas y las jerarquías.”

  1. Giovanna Méndez Salas y demás Activistas
    Si bien la sociedad ha avanzado en todos los campos de la ciencia y específicamente en relación a las ciencias de la Información, podría decirse que, pese a todo el progreso para el uso y aprovechamiento de las tecnologías, los profesionales de las diversas áreas que conforman este basto grupo, que lideran el quehacer de la Archivística, siguen siendo los mismos que desde sus diversas acciones se atrincheran de forma egoísta y competitiva para defender solamente su supuesto bienestar y entorpecen todo aquello que suponga cambio y progreso para implementar nuevas estrategias que favorezcan el uso y aprovechamiento de los recursos.
    Hoy, como en el pasado, la lucha y el avance se ve obstruido por quienes quieren conquistar las cumbres de aquello que cada vez se ve más esquivo ya que siguen ciegamente por caminos equivocados de querer cosechar la gloria personal, a merced de ignorar que se trata de un trabajo colectivo que tiene un pasado y unos personajes que dejaron huellas, y que al desconocer esa historia se hace imposible construir identidad, reconocimiento y respeto como gremio. Ése ha sido el grave error para estar en una rueda suelta en la que hasta otras profesiones, a veces no afines, sean las que ocupen el lugar de esta importante profesión.
    De nada vale tanta pregunta acerca de dónde se encuentran las fallas para corregirlas y hacer valer la profesión de Archivistas, pues todos saben que no valen los protocolos, las normas y las leyes para las que ellos han sido los custodios de todo el Acervo Documental en el que se guarda el pasado de un país, puesto que el gran error es humano. No faltan aquellos que olvidan los principios éticos de hacer gala para la defensa del Patrimonio de una Nación y pierden el tiempo haciendo alarde de un fallido poder basado en el ego, en el que quieren construir sobre lo construido, borrando las obras de otros, al querer desconocer que todo ha tenido un pasado y que es desde allí donde se debe seguir para progresar, corregir y escalar correctamente, con el objetivo de buscar no solamente el bienestar personal sino el de todo ese gremio, profesional, tecnológico, técnico o empírico, que espera a líderes capaces de sacar a los Archivistas del anonimato.

    Archivista y Documentalista

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